Un espacio donde comparto lo que he aprendido formulando, probando y también equivocándome. Porque en cosmética artesanal, cada fórmula tiene algo que enseñarnos.

Diario de Formulación
Cómo la cosmética artesanal cambió mi forma de ver el cuidado personal
Durante más de veinte años mi vida ha estado ligada a la enseñanza. He tenido el privilegio de capacitar a cientos de personas en distintas áreas y, con el paso del tiempo, descubrí que enseñar no solo consiste en transmitir conocimientos, sino también en aprender constantemente.
A principios de 2025 ocurrió algo que jamás imaginé: empecé a interesarme por el mundo de la cosmética artesanal y natural.
Y debo admitir algo...
No fue amor a primera vista.
De hecho, era bastante escéptica. Pensaba que muchas veces el término "natural" era únicamente una estrategia de marketing. Me preguntaba si realmente existía una diferencia o si simplemente era una tendencia más.
Como siempre he creído que las opiniones deben construirse con conocimiento y experiencia, decidí hacer lo que mejor sé hacer: estudiar.
Comencé a tomar cursos, leer, investigar y aprender sobre formulación cosmética. Pero para mí eso nunca ha sido suficiente. Una fórmula escrita en un manual no demuestra por sí sola que un producto funcione.
Entonces llegó la parte que más disfruto: experimentar.
Preparé una fórmula, la corregí, cambié porcentajes, sustituí ingredientes cuando fue necesario, repetí procesos y observé resultados. Después elaboré otra versión. Y otra más. Probé los productos conmigo y con personas de mi círculo cercano, escuché comentarios, hice ajustes y volví a formular.
Fue un proceso de aprendizaje constante.
Poco a poco dejé de seguir recetas y empecé a entender por qué cada ingrediente estaba ahí.
Y fue precisamente en ese momento cuando cambió mi forma de ver la cosmética artesanal.
Hoy utilizo gran parte de los productos que elaboro. Algunos me conquistaron desde el primer momento, como los jabones, las mantequillas corporales, los bálsamos labiales y los desodorantes sólidos. Otros me costaron más.
El mejor ejemplo fue el champú sólido.
Me tomó varios meses adaptarme. No porque el producto fuera malo, sino porque tuve que desaprender hábitos que había adquirido durante años utilizando productos comerciales. Con el tiempo comprendí que la transición también forma parte del proceso.
Hoy disfruto algo que antes ni siquiera imaginaba: poder formular productos según mis propias necesidades, elegir ingredientes, modificar texturas, seleccionar aromas y entender exactamente qué estoy aplicando sobre mi piel y mi cabello.
Y quizás esa sea la razón por la que nació este espacio.
No para decir que la cosmética artesanal sustituye a toda la cosmética comercial.
No para afirmar que existe una única forma correcta de cuidar nuestra piel.
Sino para compartir un camino de aprendizaje basado en estudio, formulación y evidencia experimental.
Porque después de todo este recorrido descubrí algo muy sencillo:
La cosmética artesanal no empieza cuando mezclas ingredientes. Empieza cuando comprendes por qué los mezclas.
Bienvenido a este Diario de Formulación.
Aquí compartiré descubrimientos, errores, aprendizajes y todo aquello que he ido construyendo en este apasionante mundo de la formulación cosmética.
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D. Orellana
Academia de Vanguardia
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